Hola, para los que no me conozcáis os comento que trabajo de limpiadora, y ahora mismo estoy haciendo una baja por enfermedad en un colegio. Donde los gritos, las patadas y los llantos están al orden del día. Sin contar la basura que dejan por ahí esparcida los críos, ¿qué clase de educación le dan sus padres? Pero bueno, eso no viene a cuento. Quiero hablaros de Noel y Rosa:

Estaba fregando un pasillo cuando los vi sentados en lo alto de las escaleras, observándome. Dos niños de unos seis, siete u ocho años (no se me da bien saber la edad de los niños) que cuchilleaban entre ellos hasta que el niño saltó:

-¡Señora, no friege aquí!

Al principio no lo entendí pero se refería a que no fregase donde estaban ellos para no mojarlos. Así que los miré, les sonreí (estoy con catarro, así que carraspeé tratando de aclarar la voz) y les dije:

-Señora no, chica.

Y comenzamos a hablar, me preguntaron mi nombre, yo el suyo y me dijeron que eran novios. Les pregunté si se querían y Rosa  (que llevaba los pantalones en la relación) se abalanzó contra Noel y lo apretujó contra su cuerpo menudo, asintiendo con energías. No pude evitar echarme a reír.

Me hablaron del ratoncitos Pérez y los dientes que estaban perdiendo en ese período de su vida, y los regalos que dejaba bajo la almohada. También me hablaron de los renos voladores y Papá Noel, de su caminar en el viento gélido de la noche de Navidad mientras tiran del trineo, abarrotado de regalos. Y entonces pregunté:

-Y ¿cómo viajan los camellos de los Reyes Magos?

Creía que los había hecho dudar pero Rosa pronto se puso a cabalgar a dos "patas" entre risas de su profesor y las mías.

-Los camellos caminan así... -aclaró mientras trotaba de un lado para otro

Inocencia, divino tesoro.